Grises de paso

Llueve.
Gris el día la sombra
alarga,
me alcanza.
Alcanza a los abuelos de polvo,
me hace estornudar,
…entonces el abuelo
sube un saco de serrín
y lo esparce por el suelo,
que resbale la memoria
quiere evitar,
y vuelvo a estornudar;
al trasluz de la pálida nube,
él, en sus tantos
años de enfermedad,
sus pasos sobre
el pasillo aullante,
los zapatos pisando
aserraduras de vida,
la cabeza,
tabique a tabique
a golpear.
Sixto ya no tiene regalos para los niños,
sus manos…
ni tejados, ni arcos,

capitel ni puente,
muere en su frío el taller,
la madera humedece.
La abuela llega tarde

a todos los consuelos,
la abuela de la mano del sol,
de la cintura a la noche,
dedos de mago,
varita,

de callo y sabañón.
La abuela
con su sostén de acero y puntillita de diamante.
Astralica a mano
y desmano,
pan diario
ayuno para el abrazo.
Hay sombras que de tan largas…
alcanzan otros mundos,
unos te miran fijo
otros de soslayo,
unos marchan silentes,
otros,

ráfaga de estruendo
el pecho asaetando.

Grises de paso. -JOff

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