París en una boina ( Relato)

Cómo imaginar París dentro de una boina, pero allí estaba. Rebosante luminosa, bajo cálidas nubes de mohair, derramándose en la fina lluvia de un encuentro.
Altiva de presencia y razón, la tour Eiffel, presuntuosa,
perseguía todas mis calles rincones y esquinas.
Saboreaba el río que a sus pies, en cada gota de lluvia que resbalaba desde mi cabeza hasta mis labios.
Busqué cobijo en un amable portal, que me llamaba con los guiños parpadeantes, de la bombilla que habitaba su farola.
Contemplaba los graciosos saltos de lluvia sobre el asfalto, mientras intentaba encender un cigarrillo, cuando… de pronto, una llamita de fuego se encendió frente a mi rostro.
La noche brilló en un millón de estrellas, en los ojos del oferente de lumbre.
Supe desde aquel momento que sus ojos serían mi guía. Más tarde, tras un café en aquella húmeda y solitaria terracita de Montmartre, descubrí, que sus labios serían el carmín rouge que usaría el resto de mis días,
que sus manos, entrelazadas con las mías, la soledad huyendo para ahogarse en el Sena.
El amanecer nos descubrió en el conocimiento de nuestra desnudez, entonces, supe de la eternidad de los cuerpos, que se permanecen en el abrazo perenne de dos corazones.
Y esto fue solo un sueño, el suyo.
Y el mío, cuando cada otoño al vestir mi cabeza, en el interior de mi boina…
descubro, París.

París en una boina.-JOff

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