Agua para las flores

Traía el vago humor,
de la chispa de un chisquero
que no prende.
La mirada lánguida
de un conejo de belier.
Confundió su eco taciturno,
con un redoble de tambores
ante el paso regio del caballero.

La besó como una revolución,
al poco desde sus sangres
le crecieron dos rosas,
en la luz,
irradiaron dos perlas como diamantes.
A las horas,
danzaba ella
con el espíritu enguirnaldado
de azucenas,
mas él,
arrastraba todos
los cielos grises,
sin lluvia ni garúa,
sin tan siquiera
la breve tormenta de un estío …
se mustian las flores.
Sin batir el aire,
sin un solo aspaviento,
tajó ella,
la tierra por medio.
Él yació por tiempos
al borde de una de sus simas,
desde su alma
le nació una cascada.
Quedo, en su sombra,
se había salpicado
de su segunda
y última revolución.
Ahí lo dejó,
se desnudó de su triste,
con las perlas engarzadas
a pecho y espalda,
partió en busca de un arcoíris.

Agua para las flores.-JOff

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