Invisible

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No existían los cándidos ojos
clavados en su espalda.
No era, la sonrisa arrebolada,
ni ese cuerpecito pueril,
exaltado por un febril latido,
invisible… la niña enamorada.
El aire niña, forcejeando,
para entrar en tu trémula boca,
exhalado a golpes,
eran suspiros, niña,
pompas de jabón que estallan,
y se transforman en mariposas.
Invisible fue tu arcoíris,
entre candor de deseo,
y amargas lágrimas rotas.
De puntillas tu primer amor,
como espectro tras su sombra.
Hoy, como lluvia cae sobre ti,
te empapa, moja.
Hoy que cubierto el sendero,
tus pasos sobre otoño de hojas…
él, apareció de nuevo,
y te miró ferviente,
le habló a la invisible niña,
de secretos en silencio,
de aquella infancia remota.
Le contó de un amor silente,
de un niño de mirada ciega,
de unas pupilas lejanas,
sobre tu frente, y tu ropa.
De un vestidito blanco,
que inmaculado y brillante,
su subconsciente guardó,
como perla, protegida por su ostra.
Sonríen tus ojos niña,
vuestros labios se miman,
un beso recorre y ata,
de la mano, piel con piel,
hoy, con los pies al tempo,
crujen las hojas de otoño,
bajo paso de un viejo amor,
que en su recuerdo a la par,
pasea y crece, en una nueva flora.

Invisible.-Juliet Offenbach

 

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